
La gente tiene el imperativo contrastado de generarse enemigos. Los necesita, no hay gente sin una némesis ficticia con la que medirrse: la mente de la gente sólo es capaz de aprehender el mundo mediante la clasificación de las diferencias que encuentra en él. En semiótica nos dicen que lo que constituye a un signo es aquello que le diferencia de los otro signos.
Es impensable que la gente pudiese sobrevivir sin enemigos. Sin ellos, se estancaría: ellos la obligan a estar siempre en guardia. El Barcelona y el Madrid necesitan de su rivalidad para seguir argumentando su crecimiento.
Cada miembro de la gente tiene la prerrogativa de escogerse unos cuantos enemigos a su antojo, dentro del catálogo de enemigos ofertados por la gente.
Un individuo completamente pacífico nunca podría ser miembro de la gente.
jolón, el monigoto me ha quedado con seis dedos, mecago en todas las polilíneas
ResponderEliminarle estás dando un nuevo rendimiento a autocad
ResponderEliminarque fue de aquellos seres afilados que dibujabas? ahora son más bien proteínicos
-x-
ya tío, poco a poco, estoy aprendiendo, a ver si encuentro mi estilillo pronto
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