lunes, 2 de noviembre de 2009

a n o m a l í a # 2 . Althusser Conehead era fumador

La vagancia revolucionaria aka Fuck You Althusser

Realmente impresionantes por su agudeza resultan las observaciones hechas por Louis Althusser sobre los subterfugios de toda estructura social y su habilidad para generar una ideología capaz de legitimar sus mecanismos más oscuros. Supongo que lo que decía no era nada nuevo, puesto que su trabajo se puede resumir fácilmente como un marxismo evolucionado en base a las aportaciones de los estructuralistas, pero este pensador es de los más serios de toda la lobotomizada y fundamentalista raza de los comunistas, y desde luego el que mejor explica de qué va en realidad el materialismo marxista. Os recomiendo estos youtubes, sencillísimos y chupaos de entender, donde se resumen (de modo aterrador, hay que decirlo) las muy coherentes ideas de este señor, que todos deberíamos conocer porque dan la explicación del mundo político más redonda y completa de la que tengo constancia. Impresiona su perspicacia: su trenzado de Nietzsche, Freud, Marx, Darwin y Levi-Strauss deja con la boca abierta. Ríete de Durkheim: Althusser da mucho más miedo.
¿Cómo resumir lo que dice este señor? Pues en que, ya que Dios y el hombre han muerto, la realidad de nuestro devenir común no tiene más trascendencia ni complicación que la organización social de las hormigas. Muy pragmáticamente, Althusser analiza al hombre como cualquier otra especie zoológica, que está indefectiblemente esclavizada por el imperativo natural que le obliga a que todo lo que hace tenga por objetivo garantizar la supervivencia. Para él, como para Marx, lo único que hacemos es trabajar: toda actividad humana (sea la ciencia, la filosofia, la religión o el deporte) tiene como único objetivo garantizar las condiciones físicas y mentales que nos permitan seguir colaborando con la maquinaria productiva. No habría escapatoria posible a semejante ley natural, que para nosotros resultaría invisible, y que es anterior a la idea misma del "hombre", hasta el punto de que cualquier forma de disidencia, revolución o contracultura funcionan en realidad como formas de perfeccionamiento de las estructuras productivas y su superestructura ideológica. Es decir: los que atentan contra el sistema, lo único que hacen (inconscientemente, por supuesto) es buscar sus puntos débiles para que éste encuentre un antiviral, o sucumba ante un sistema más eficiente a nivel supervivencia. Y los sistemas cambian, pero es imposible escapar a la ley según la cual siempre va a haber un sistema con una ideología, y en cuyo corazón late siempre lo económico. Darwinismo social hardline: el hombre como una máquina diseñada para sobrevivir. Esa es la única ley invariable que los científicos han encontrado para la actitud de la naturaleza: todo organismo tiene como objetivo su propia perpetuación, y más aún la de su clan, y finalmente la de su especie.
La lógica de lo que dice es innegable: Einstein nos da técnica, Picasso optimiza la sofisticación de nuestros aparatos perceptivos, Madonna nos entretiene en nuestros ratos libres y nos aliena para que no nos demos cuenta de que somos putas hormigas trabajadoras. El Citius, altius, fortius olímpico nos convierte en máquinas más resistentes y capaces. Fuckault obliga al sistema a fortalecerse para soportar sus críticas. Todo encaja, no hay misterio, somos máquinas sumisas al imperativo cósmico que nos obliga a sobrevivir. O sea: todo es económico.
O no. Quizás no todo encaja, yo no quiero que todo encaje con una visión de la realidad tan absolutamente aterradora y anglosajona. ¡Algo tan vulgar y embrutecedor como el trabajo, el eje de nuestra existencia!
No.
Althusser estranguló a su mujer, en un acto que es en sí mismo una huída a tan tétricamente funcional visión del mundo. Lacan intentó psicoanalizarle para encontrar el origen de semejante acceso de locura: es cierto que el psicoanálisis ha sido muy a menudo un alidado del sistema a la hora de mantener nuestros cerebros perfectamente cuadriculados para que estemos conformes con nuestro papel de abejas obreras. Freud viene a decir: cualquier estado de la mente es el de la locura, pero de entre todas las locuras posibles, aquella que hay que preservar es la que nos mantenga más pacíficos y capacitados para el trabajo. Sin embargo, es paradójicamente divertido que tanto Freud como Althusser hayan muerto por enfermedades relacionadas con su adicción al tabaco. ¿Cómo encajan los vicios en ese esquema según el cual todo lo que hacemos es garantizarnos la supervivencia? Fumar, ese absurdo y tonto vicio autodestructivo, es una falla en el esquema maquinista y zoocéntrico de todos estos materialistas. Sencillamente, no tienen una explicación para este tipo de comportamientos que, además, terminaron por matarles. ¿La primitiva explicación freudiana del cigarro como invocación de la teta de la madre? Menuda tontería. Las hormigas no fuman. Ni estrangulan a sus mujeres.
Al final, fue el propio Freud el que dejó abierta una rendija para que las cuentas marxistas no cuadrasen: Primero, con Mas alla del principio del placer, y luego ampliándolo en el memorable El malestar en la cultura. Ambas vienen a decir: el ser humano, como máquina productiva, no termina de cuadrar. Para la gente de naturaleza vaga, viciosa y hedonista como yo, ese pensamiento resulta liberador: tengo la sensación de que para Althusser, un bon vivant frustrado como servidor es una especie de escoria cósmica cuya existencia es completamente inexplicable. Y cada vez que enciendo un cigarro, me gusta saborearlo como un satanista Jódete Marx, y jódete Althusser. Con todo el cariño. Y con la putada de que el que se jode los pulmones soy yo. Pero todo sea por la causa :-)
Y de eso iba Artaud, y de eso iba Dada.

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